Entrevistas

Beto Suárez: «Yucatán es talento, cultura y calidez humana que el mundo debe conocer»

Un mensaje de amor por sus raíces y una inspiradora historia de superación personal

Beto Suárez, orgulloso embajador de la cultura yucateca, compartió en entrevista exclusiva su visión sobre el talento, la riqueza cultural y el espíritu de trabajo que caracterizan a Yucatán, así como el duro camino que ha recorrido para convertirse en quien es hoy.

«Yo me catalogo como embajador de Yucatán», asegura. «A lo largo de la historia, hemos visto que Yucatán se cocina aparte. En el centro y norte del país nos ven como algo lejano, pero aquí hay talento, gastronomía, arte y cultura. Tenemos absolutamente todo».

Aunque Beto reconoce que no se trata de un desprecio abierto hacia los yucatecos, sí siente que en otras regiones a veces se les subestima. «Los trabajos bien pagados suelen estar en el norte o el centro del país, por la cercanía con Estados Unidos y su desarrollo industrial. Pero eso no define nuestro valor».

Su experiencia en el mundo del espectáculo también le ha mostrado cómo algunas sociedades son más cerradas con los foráneos. «Así como en algún momento los propios yucatecos fueron más reservados, hoy Yucatán ha cambiado. Ahora somos un estado que recibe a personas de todas partes del mundo: coreanos, judíos, de cualquier nacionalidad. Esa diversidad es nuestra fortaleza», afirma.

Orgullo por Yucatán

Con profunda emoción, Beto expresa:
«Amo Yucatán. Tenemos una cultura llena de arte y una calidez humana que ya quisieran otros estados y países. Muchos turistas quedan fascinados por el trato del yucateco, y eso es algo que debe admirarse. Además, somos trabajadores incansables que no temen enfrentar el calor para sacar adelante a sus familias.»

Humildad ante todo

Cuando se le preguntó si alguna vez ha participado en un concurso de belleza o si se considera sexy o guapo, Beto respondió con su característico enfoque humilde:
«Para nada. Me considero una persona común y coherente. Para mí, todos somos iguales. No importa cuánto dinero tengas o qué trabajo desempeñes, lo importante es quién eres como ser humano. Hoy puedes estar arriba, mañana abajo. La vida es una rueda de la fortuna.»

Su filosofía es clara: su único rival es su versión de ayer. «Siempre busco superarme a mí mismo, no competir con otros.»

De tocar fondo a reconstruirse

Sobre su momento más difícil, Beto abrió su corazón:
«Desde bebé, fui criado por dos tías abuelas maravillosas que me dieron todo su amor y apoyo. Mi núcleo familiar era complicado: mi papá estaba ausente y mi mamá luchaba sola. Mis tías abuelas me adoptaron a los 4 meses de edad y me enseñaron a no rendirme jamás.»

La vida le dio un duro golpe a los 21 años, cuando ambas fallecieron. Sin habilidades laborales sólidas y tras malgastar una herencia en apenas seis meses, Beto tocó fondo. «Llegué a quedarme sin un solo peso. Prefería pagar mi escuela que comer. Perdí peso, sufrí, pero también aprendí.»

Este difícil periodo de su vida se convirtió en el cimiento de su nueva mentalidad: la resiliencia, el trabajo duro y la fe en que, aun en los peores escenarios, siempre existe una pequeña puerta hacia adelante.

«El éxito no es el punto final, es el trayecto. Hay que ser valientes para caminar ese camino difícil, porque eso es lo que realmente te forma como persona.»

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